Columnas

Mi Planeta

Cuando todavía no era políticamente incorrecto llamar a las cosas por su nombre, el historiador Antonio García Bellido, en su libro “25 estampas de la España antigua”, escribió: árabes en sentido estricto son los semitas de Arabia, de los que muy pocos llegaron a España (...) moros son las gentes del norte de África. La voz ”moro” es, pues, más exacta y más antigua para nosotros. Los griegos llamaban ya moros (mauroi) a los habitantes de Marruecos.

García Bellido creía quLo de presentarme al premio Planeta comenzó como una broma. Yo era un profesor de Instituto que escribía novelas en sus ratos libres, novelas que sólo leían los amigos. Un año me atreví a presentarme con una de ellas (Catedral) a un premio regional y quedé finalista. La misma noche en que casi gané el primer premio de mi vida, cuando regresé a casa, me puse a escribir En busca del Unicornio, la novela con la que pensaba reincidir en la siguiente edición del premio. Cuando la terminé faltaban todavía seis meses para que se cerrara el plazo de presentación. Un amigo que leyó el manuscrito me dijo: “¿Por qué no la presentas al Planeta?”, “¡Quita, hombre! –le respondí-: Todo el mundo sabe que el Planeta está dado de antemano a autores famosos.

No obstante, me presenté. Bajo pseudónimo naturalmente. No quería que mis conocidos se burlaran de mí si aparecía en la prensa la lista de optantes al premio.

Cuando faltaban dos semanas para la concesión del Planeta mi amigo, el que había leído la novela, me telefoneó: “Oye, que en la revista Tiempo entrevistan al editor Lara y dice que su novela favorita de este año es En Busca del Unicornio.”

Eran las once de la noche. Pensé que mi amigo me estaba tomando el pelo, pero, por si las moscas, crucé Sevilla para comprar la revista en el VIPS de Los Remedios, el único quiosco abierto a aquellas horas. En efecto: el editor elogiaba mi novela.

Aquella noche no dormí, claro. Al día siguiente esperé a que dieran las nueve para telefonear a Editorial Planeta: “Mire –le dije a una secretaria- que soy el autor de la novela favorita del señor Lara, ¿qué se hace en estos casos?”

-Lo del premio es cosa del jurado –me respondió la voz-, pero basta que el señor lara haya hablado de su novela para que, con mucho gusto, lo invitemos a asistir a la cena del premio.

Le dí mis datos y dos días después un mensajero me trajo el billete de avión y la referencia del hotel.

Pasaron lentísimos los días hasta el 15 de octubre. No quería pensar en que podía ganar el Planeta, así que me puse a escribir frenéticamente otra novela (Guadalquivir).

El día del premio, en el avión, la prensa hablaba de la novela favorita En busca del Unicornio, pero se la atribuían a diversos escritores famosos. Supuse que alguno de ellos era el ganador y que el título de mi novela aparecía debido a las declaraciones del señor Lara dos semanas antes. Quizá sólo servía para despistar a la prensa.

¿No tenía esperanzas de ganar o no quería albergarlas por temor al batacazo de la decepción? En mi vida sólo había publicado un par de ensayos históricos, nada de ficción. No obstante, el hecho de que me llevaran a Barcelona significaba, quizá, que mi novela les interesaba. A lo mejor me la iban a publicar. Solamente esta perspectiva me llenaba de gozo.

Pasé el día deambulando por las calles de Barcelona como alma en pena. Almorcé ligeramente y me encerré en mi habitación del hotel. A la hora de la cena bajé al salón donde se celebra la cena y la ceremonia. Estaba atestado. Me crucé con autores famosos, de carne y hueso que asistían al evento. Tomé asiento en la mesa donde me habían ubicado. Me daba verguenza decir que me presentaba al premio, así que mentí a mis compañeros de cena y les dije que era agente de seguros especializado en siniestros.

Fueron saliendo las votaciones. En busca del Unicornio no resultó eliminada a la primera ni a la segunda como temía. De pronto concebí la loca esperanza de que quedara finalista. Luego, cuando sólo quedaron dos novelas, estuve absolutamente seguro de que era la finalista. No supe que era la ganadora hasta que el secretario del jurado lo anunció por el micrófono.

Algunas veces me han preguntado qué ha significado para mí ganar el Premio Planeta. Lo ha significado todo. De ser un desconocido escritor de novelas que no se atrevía a enviarlas a los editores pasé a vender casi ochocientos mil ejemplares de mi primera novela. Ese impulso incial, ese bombazo, me aseguró un número de lectores fieles que siguen leyendo lo que escribo. Gracias a ellos, y al Premio, pertenezco a la minoría de autores españoles que escriben sabiendo que su obra se va a publicar, un estímulo decisivo a la hora de afrontar esta tarea difícil, pero también tremendamente placentera que es parir un libro.

(El Mundo - 2001)

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