Felipe
El príncipe Felipe, esposo de la reina de Inglaterra, les ha preguntado a los integrantes de un grupo de danza aborigen australiano: “¿Todavía os tiráis lanzas unos a otros?” Felipe es famoso por sus meteduras de pata que algunos atribuyen a su cinismo; otros, a su humor inglés y otros, simplemente, a su malhumor por el papelón que representa.
El príncipe, nacido en la familia real griega, que no tenía nada de griega, (padre germanodanés y madre alemana), nunca conoció un hogar ni una familia. Pasó la juventud interno en colegios en los que no aprendió nada pero se convirtió en un gamberro “zafio, maleducado, inculto”. Mucho porvenir no se le veía, pero tenía buena estampa y la princesa Lilibet (Isabel) se enamoró de él hasta el tuétano. De hecho una de las cosas que durante el noviazgo le hacían gracia a la futura reina de Inglaterra eran los estentóreos cuescos de Felipe (el biógrafo real lo dice más finamente: “sus groseros ruidos intestinales”).
Felipe, rey consorte, tuvo que renunciar a los pedos como renunció a casi todo lo demás: a su nacionalidad griega, para adoptar la británica; a su religión ortodoxa, para abrazar la anglicana, todo para arrimarse al trono británico y comer caliente el resto de sus días. Sus hijos ni siquiera llevan su apellido, sino el de la reina, Windsor (en realidad un invento reciente, de 1917, cuando la familia real comprendió que sus apellidos alemanes eran políticamente incorrectos en plena guerra contra Alemania). Felipe, consorte de la reina, tuvo que encorsetarse en la legendaria hipocresía de la corte británica en la para anunciar que la reina da el pecho o amamanta a sus hijos se recurre al eufemismo “la reina alimenta al niño por sus propios medios”.
Ahora, después de vegetar más de medio siglo a la sombra de Lilibet, perdida la pasión incial del matrimonio, Felipe se lo pasa todo por el arco del triunfo (otro eufemismo) y cada vez que abre la boca mete la pata aunque perjudique la imagen de la monarquía.
Hace años, el antropólogo Richard Attenborough desaconsejó un documental sobre la familia real: “Es una institución que depende por completo del misterio; es el jefe de la tribu metido en su choza. Si dejan a la gente que vea lo que pasa dentro acabarán con el tinglado”. Pues eso.
(El mundo - 2002)

