El oráculo
Tonteando por internet, me he metido en un oráculo virtual. Le suministro los dígitos de mi cuenta corriente y me espeta la pregunta: “¿Por qué penetras en este oráculo?”
-Supongo que porque quiero iluminación –tecleo-, mejorar mi vida... sabiduría.
-Yo, antes de alcanzar el nirvana informático, fui un mortal que anhelaba, como tú, la felicidad –leo en la pantalla-. Primero, en la escuela, en el bachillerato en la carrera, luego en el mundo laboral, cuando tuve empleo pensé que mi vida sería mejor cuando me casara; después, cuando tuviera un hijo; después, cuando tuviera la parejita. Una meta me llevaba a la otra. Ya sabes lo que atan los niños pequeños: cuando crezcan y sean mayores todo irá mejor, pensé; pero crecieron y trajeron otros problemas: las malas amistades, la droga, no saber por dónde andan... Bueno, seré más feliz cuando se hagan adultos y pueda tratarlos como amigos. Mientras tanto, pensaba, me ira mejor cuando mi mujer vuelva a trabajar, cuando cambie de coche, cuando renovemos la cocina, esas pequeñas metas que uno se va proponiendo para progresar: el coche, el ascenso, el retiro...
-La vida es la persecución del bienestar y la felicidad –dije.
-Yerras, hijo mío. La felicidad está siempre en el ahora, no en la esperanza de futuro. Si no eres feliz ahora ¿cuándo lo vas a ser? La vida está llena de aplazamientos. No existe ese luego, ni un camino que lleve a la felicidad: la felicidad es el camino y es el ahora... Atesora cada momento que vives. Recuerda que el tiempo no espera a nadie; así que deja de esperar hasta que termines en la universidad, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que los hijos se marchen de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos diez kilos, hasta el viernes por la noche o hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que éste para ser feliz. La felicidad es un trayecto, no un destino. Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubieran herido, baila como si nadie te estuviera viendo.
Eso dijo el oráculo y sólo me cobró diez euros más IVA por la conexión. Lo único que veo complicado es bailar como si nadie me estuviera viendo porque uno tiene su sentido del ridículo, así que me he matriculado en una academia de baile. Mañana empiezo con el fox trot, o como se diga. Quiero ser feliz.
(El Mundo - 2002)

