Cena de Nochebuena III
Henos aquí, un año más, mi querida señora, sufrida ama de casa, con la sugerencia de un menú para que su entrañable cena de Nochebuena sea rica y nutritiva y colme las exigencias de sus seres queridos sin desequilibrar el presupuesto.
Para los entrantes macháqueme bien machacados, con un tenedor, cuatro huevos cocidos, les añade un churretazo de ketsup y una cucharada de esa mermelada o carne de membrillo que olvidaron hace meses en el frigorífico, me lo mezcla todo bien y con la pasta resultante rellena unos canutos de mortadela de la más económica. Presente el plato delicadamente sobre una base de hojas de lechuga y decórelo con unas rajitas de tomate.
El primer plato, Poulpe au chapapot avec l´haricot du botte, no ofrece mayor dificultad: me calienta al baño maría unos botes de judías blancas y cuando estén listas las trasvasa a una cazuela y les mezcla el contenido de tres latas de calamares en salsa americana y un puñado de pasas, remueva bien y preséntelo en una fuente adornado con una ramita de perejil y una tira de pimiento de lata.
Segundo plato: Morceaux delicieux à l´Imperial. En una sartén capaz refríe tres cebollas picadas y un tomate, añade un kilo de crestas, alones, cabezas de volátil y otro de bofes e hígado de cerdo, los rehoga y lo trasvasa todo a una cazuela de barro. En un mortero tiene machacados tres dientes de ajo, perejil, pizca de pimienta y pizca de canela molida, unas hilachas de azafrán y sal. Lo deslíe todo en un chorrito de vinagre y un vaso de agua caliente y lo vierte en la cazuela. Tape y deje cocer hasta que las tajaditas estén tiernas. Dispóngale un fondo elegante, como en los restaurantes caros, con el sobrante de la lechuga y del pimiento de lata.
Para postre Creme Pompadour: en un bol desmenuce los polvorones sobrantes de la pasada Navidad que encontró en su fondo de alacena (no se notará que están revenidos si los riega con un vasito de moscatel). Sobre ese fondo vierta los dos yogures caducados que nadie se come (su textura semilicuada es muy aparente) y el muesli que olvidó de aquel plan de alimentación sana de cuando se puso a régimen. Sobre todo ello añada dos cucharadas de helado.
El vino, de tetrabrick, me lo decanta en frasco panzudo, que se oxigene bien, y lo pone media hora antes a la mesa, que esté chambrée. Buen provecho.
(El Mundo - 2002)

