Columnas

La piel del tambor, razones de un Best-Seller

Hemingway, en sus recetas para el narrador, aconsejaba comenzar el relato propinando al lector un gancho de estómago. Es lo que hace el maestro Pérez-Reverte cuando comienza su novela con un pirata informático que se cuela en el ordenador personal del Papa Woitjla para informarle de que en Sevilla, en el Barrio de Santa Cruz, existe una iglesia que mata para defenderse. La receta de un buen comienzo de novela no parece excesivamente complicada. Pero luego, después de captar la atención del lector, hay que saber mantenerla. Pérez-Reverte también lo consigue en las quinientas ochenta y ocho páginas restantes. Ahí es donde reside su maestría.

En los tiempos que corren, tan pródigos en esa literatura que el ácido Umbral denomina angloaburruida, encontrar una novela adecuada para entregarse al simple goce de leer, olvidado del mundo, no es muy frecuente. Quizá sea esa la simplísima virtud de Pérez-Reverte, que explica su éxito de lectores no sólo en España sino en otra media docena de países donde la divulgación de la narrativa española es practicamente nula. Porque Pérez-Reverte nos devuelve a la simple pasión de leer abriendo un ancho paréntesis de todo lo demás. Él cumple en su novela como Dios en el mundo: omnipresente pero sin dejarse ver, pasando entre bastidores con agilidad felina, de puntillas, sabio y eficaz, sin distraer la atención del lector del puro goce de la historia que está contando.

Es un misterio cómo Pérez-Reverte ha encontrado la fuente clara que mana una fábula, esa desnudez estilística a la que los grandes autores suelen llegar cuando por fin, casi siempre a las puertas de la vejez, pueden liberarse del lastre del exceso barroco o de ese descarrío que se ha llamado "voluntad de estilo". Supongo que Pérez-Reverte, dada su juventud, encontró la piedra filosofal de la novela por pura intución porque la verdad es que no tiene todavía edad de ser el excelente novelista que ya es.

La novela tiene mucho que ver con la experiencia de la vida. Yo sospecho que la experiencia que otros intentamos acumular con los años, Pérez-Reverte la ha obtenido, por circunstancias de su asendereada vida, comprimiendo vivencias por trochas ignotas y peligrosas. Eso explica quizá que, a tan temprana edad, sea un novelista en la plenitud de sus recursos.

La única obligación de una novela es crear un mundo donde mantener secuestrado al lector el tiempo que tarda en leerla. El mundo donde nos secuestra ahora Pérez-Reverte es el de esta ciudad plural e indescifrable, Sevilla, que él sin embargo demuestra conocer y entender de forma sorprendente. El personaje principal, Lorenzo Quart, es un agente secreto del Vaticano, un sacerdote atlético, cuya íntima religión consiste en servir a la Iglesia con el mismo espíritu de sacrificio y milicia con que la servían los monjes guerreros, los templarios. Lorenzo Quart viaja a Sevilla para indagar qué está ocurriendo con la iglesia que mata para defenderse y quién es el pirata informático que envía mensajes al Papa. Hay en este personaje, como en los protagonistas de otras novelas de Pérez-Reverte, un impulso épico, una añoranza del héroe.

En Sevilla una sorda batalla se desarrolla en torno a la iglesia. Por una parte un financiero y especulador, Pencho Gavira, agraciado, moreno y peinado para atrás, que ha conseguido poner de su parte a las autoridades para que la iglesia sea declarada en ruina y sus terrenos recalificados. Frente a ellos están los que quieren salvar el templo a todo trance: el tozudo y coriaceo párroco, don Príamo Ferro, y Macarena Bruner la atractiva heredera de la estirpe nobiliaria que construyó, siglos atrás, el edificio.

Pérez Reverte vuelve a revalidar en La piel del tambor esa pasmosa facilidad suya para dibujar decenas de personajes y fijarlos indeleblemente en la memoria del lector con cuatro trazos certeros. Una facilidad para la que, si exceptuamos al Cela de su mejor época y a Delibes, no encuentro paralelo más que en la tradición decimonónica de Dickens y Pérez-Galdós. El lector discurre por estas páginas acompañado de la madre de doña Macarena, una señora que desde la sombra maneja más hilos de los que aparenta; el banquero Octavio Machuca, un hombre que se hizo a sí mismo y ahora, ya virtualmente retirado, asiste a la batalla con ironía y distanciamiento desde el despacho oficioso que se ha instalado en la terraza de una céntrica cafetería de Sevilla; Celestino Perejil, el hombre de confianza del especulador Gavira, ludópata y putañero; Gris Marsala, la monja americana, vestida de vaqueros, siempre sobre sus andamios de restauradora...

Sobre todos ellos destaca Macarena Bruner. Uno disculpa que el héroe sucumba a sus encantos: también sucumbre el lector y luego, tontamente, se descubre recorriendo Sevilla con Macarena Bruner prendida en la retina, buscándola en cada cabellera morena, en cada cimbreante cintura, en cada mirada oscura y profunda que se le cruza en la calle.

Pérez-Reverte ha tenido la virtud de fundir paisanaje y paisaje. El irrepetible paisaje urbano de esta Sevilla plural de la que siempre se ha dicho que se resiste a entregarse al forastero, pero que en La piel del tambor brilla entera y verdadera, contradictoria e inconstante, desdeñosa y ensimismada bajo su cielo azul y su sol sabio, anclada en su pasión barroca de claroscuros y concurrencias de opuestos.

En La piel del tambor asistimos a una doble contienda: por una parte la de los que quieren destruir la iglesia (esa enigmática iglesia del barrio de Santa Cruz que mata para defenderse) contra los que quieren conservarla; por otra, la batalla solitaria de Quart, el templario extraviado en el tiempo, contra las dificultades que todo el mundo opone a su misión y consigo mismo cuando intenta sustraerse a la atracción de Macarena Bruner. Una batalla, esta última, de antemano perdida, porque la belleza y la vida siempre pueden más que el ascetismo y la negación de la carne.

A lo largo de las casi seiscientas páginas de La piel del tambor, Perez-Reverte ha conseguido mantener sin desmayo la tensión del lector y obligarlo a leer perentoriamente, a abrir un paréntesis en su vida, incluso robando horas de sueño. Una experiencia por cierto muy frecuente en los lectores de Pérez-Reverte. El secreto que el autor vuelve a revalidar en La piel del tambor consiste en dosificar sabiamente acción y reflexión, al equilibrar información presente y flash back; en trasladar al lector de un escenario a otro interrumpiendo siempre la acción en lo más interesante, un recurso infalible del folletín decimonónico que la poética de Pérez-Reverte reivindica. Pero la eficacia de esta novela reside también en la sabia condimentación con que agrega ironía y humor a la contenida violencia que alienta a lo largo de todo el relato. En este sentido su gran hallazgo ha sido el de personajes entrañables y patéticos de los bajos fondos sevillanos, el pintoresco equipo de delincuentes a los que el banquero ha encomendado el trabajo sucio. El jefe es don Ibrahim el Cubano, falso abogado, estafador y perfecto caballero a cuyas órdenes están El Potro del Mantelete, ex-torero y ex-boxeador, y Niña Puñales, folklórica otoñal que nunca pasó de promesa. Las peripecias del trío, a veces desternillantes, a veces inspiradoras de una gran ternura, prestan a la acción principal un adecuado contrapunto. Otra variación tonal sabiamente entretejida es la romántica historia de Carlota Bruner, antepasada de la heroína, con el capitán Xaloc, la memoria de cuyos amores reverdece a través de la correspondencia y los recuerdos atesorados en el arcón familiar.

No es un secreto, y La piel del tambor viene a corroborarlo, que Pérez Reverte ha dado con la piedra filosofal que hace que una novela además de bien escrita sea interesante y pueda apasionar tanto al lector exigente como al que meramente busca entretenerse y gozar de la narración. Pero Pérez-Reverte rechaza la cómoda reiteración de su obra pasada para aprender en cada novela, para superarse y arriesgarse en metas más comprometidas y ambiciosas. Porque Pérez-Reverte no se duerme en los laureles y sigue indagando la condición humana. Esa es la primera y más fundamental condición del novelista de casta. También, y aunque él no se lo proponga, nos sigue enseñando a muchos que transitamos el difícil camino de la fabulación.

(- - 0)

Noticias

  • 08-05-2019
    El 14 de mayo saldrá a la venta La conquista de América contada para escépticos. En un alarde de estilo y maestría ya familiar para su gran público, Eslava Galán nos sumerge en la conquista de América y las apasionantes vidas de sus protagonistas.
  • 12-09-2018
    El próximo 25 de Octubre sale a la venta La familia del Prado. Libro conmemorativo del 200 aniversario del Museo del Prado con el inconfundible estilo ameno y riguroso de Eslava Galán.
  • 04-05-2018
    El 15 de Mayo sale a la venta la nueva obra divulgativa de Juan Eslava Una historia de toma pan y moja. Este libro compendia la historia de España a través de sus cocinas y despensas en edición de bolsillo.

Libros descatalogados