Columnas

Cenizas

Me viene a la memoria la historia de aquel gallego que en trance de hacer testamento supeditaba la liberación de la herencia a un entierro peculiar: “ Si muero en el pazo de Arriba quiero que me entierren en el pazo de Abajo y si muero en el pazo de Abajo quiero que me entierren en el de Arriba”. “¿Y eso por qué?” –preguntó el notario, un señor serio, vestido de oscuro.

-Por joder.

Un bailarín y una relaciones públicas recientemente fallecidos han dispuesto el uno que dispersen sus cenizas en Cuba y la otra que las dispersen entre la ermita del Rocío y Marraquex. El bailarín insiste, muerto, en sostenella y no enmendalla, desde que en su juventud, vivida en lo más recio de la dictadura franquista, soñó con tomar el fusil para defender la revolución proletaria desde Sierra Maestra. Luego, como en Animal Farm (la estupenda fantasía de Orwell) los revolucionarios se instalaron en la poltrona y se volvieron más tiranos que el tirano al que habían derrocado, pero eso el progre no lo percibió en sus reiteradas visitas a la bella isla antillana que padece una dictadura feroz, que tiene las cárceles atestadas de presos políticos de los que de vez en cuando alguno muere frente al pelotón.

El caso de la relaciones públicas es distinto. Ha querido que sus cenizas reposen en los lugares donde en vida se lo pasó divinamente, un objetivo que llenó, y de qué manera, una existencia derrochada en noches de vino y rosas como sólo saben hacerlo esas personas profundamente incultas que se dejan arrastrar por los placeres inmediatos.

Otro caso conozco, de un famoso escritor que dejó dispuesto que arrojaran sus cenizas al Nilo. Algunos meses después, otro escritor que arreglaba los papeles para viajar al país de los faraones se sorprendía ante la propuesta de un funcionario de la oficina de turismo egipcia que intentaba endosarle las cenizas que los deudos del finado habían depositado en su despacho.

Esto de morirse y que lo cremen a uno se ha vuelto de lo mas in. Quemarte es más higiénico, es más directo y, con el tiempo, viene a ser más barato porque disimula mejor un entierro de tercera. Sin embargo se presta a mucho capricho porque los deudos lo que quieren es enterrarlo a uno, ceniza o corpore y pasar página lo antes posible.

El entierro solemne esparcido en el mar o en el paraje donde el difunto ha decidido que fue feliz no es más que una última vanidad del finado, que no sé yo si debiera vincularnos. Aparte de que ocasiona escenas chuscas, y no sólo en el cine de los hermanos Cohen, cuando un golpe de viento enharina de cenizas a los deudos y te pasas media hora escupiendo y acordándote del jodido tío Paco, la ocurrencia que tuvo de esparcirse en Tarifa, ahí se ve la mala leche que gastaba.

Y ya para terminar, un recuerdo emocionado para esas cenizas de un aficionado del Betis que asisten, desde un tetrabrick, a cada partido del equipo verdiblanco llevadas por el hijo del difunto. El Betis es algo más que un equipo y el amor, esta vez sí, puede ser más poderoso que la muerte, como dejó dicho don Francisco de Quevedo.

(La Razón - 0)

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