El negro
El negrito bosquimano disecado que se exhibía en una vitrina del museo gerundense de Bañoles regresa a Botswana, repatriado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, después de años de polémica, con intervención de la ONU y todo. Supongo que los franceses habrán retirado a su Venus Hotentote, la negra disecada del Museo del Hombre, en París, que concitaba la admiración de los visitantes por su trasero gordo como una mesa de camilla debido a las acumulaciones de grasa esteatopigica, o reserva natural para afrontar las hambrunas tan corrientes en África. El Museo Egipcio de El Cairo hace tiempo que retiró las momias de los faraones de la morbosa curiosidad de los turistas que se mofaban de las pililas, no mayores que el meñique de un niño.
La exhibición museística de cadáveres humanos repugna a nuestra sensibilidad postmoderna, pero quizá convenga recordar que en la historia reciente de Europa se han producido casos más sangrantes incluso.
En 1881, medio siglo antes de que las urnas dineran paso a la barbarie nazi, unos emprendedores alemanes raptaron en el sur de Chile (donde los capuchinos bávaros tenían una misión) a unas docenas de indios patagones, hombres mujeres y niños, y los trasladaron a Berlín para exhibirlos en una jaula del zoológico. El encargado del traslado fue el empresario Karl Hagenbeck, prestigioso proovedor de fieras y animales exóticos de los mejores circos de Europa. La operación contó con las bendiciones del gobierno de Bismark y de la prestigiosa Sociedad Antropológica de Berlín dirigida por el profesor Virchow. Algunos laboratorios y hospitales alemanes interesados en la investigación racial tuvieron acceso a los indios patagones, convenientemente muertos y despiezados, especialmente las vaginas de las indias, cuya estudio resultó especialmente útil a la ciencia aria. Dos años más tarde se repitió la operación del enjaulamiento zoológico con catorce indios mapuches que fueron rotando por diversos zológicos alemanes. La ocupación alemana del Camerún en 1908 permitió extender estos estudios a los negros africanos.
Ya sé que es horrible leer estas cosas un domingo después del desayuno pero lo que escuece, cura y conviene no olvidar quiénes somos y en qué compañías andamos.
(El mundo - 2000)

