Columnas

Gordas/os

Era mala hora y el único sitio libre del restaurante de carretera era una mesa para dos, justo debajo de un televisor de 500 pulgadas lo menos, con el sonido a todo volumen. Mientras me traían el potaje con oreja de cerdo salió ese anuncio de colegialas tobilleras que ven un coche estupendo aparcado frente al colegio y lo desean, los angelitos, pero una más avispadilla advierte: “¡Seguro que es de un gordo!” Lo cual me indignó porque, aunque yo diste de ser gordo, tengo muy buenos amigos que lo son. Me imaginé la reacción de la parte social si el putoncillo del anuncio hubiera dicho: “¡Seguro que es de un gitano!”, o “¡Seguro que es de un negro!”, o “¡Seguro que es de un homosexual!”: se hubiera liado la de Dios es Cristo, pero como dijo “¡Seguro que es de un gordo!” hasta hace gracia. En esta sociedad anoréxica y pirada ser gorda/o es un delito. No sólo tienen que recurrir a las tallas especiales sino que se ven maltratadas/os por otras sutiles formas de discriminación. Piensen, por ejemplo, en esos asientos de diseño moldeado en hospitales, estaciones de autobuses, crematorios, que sólo les dejan espacio para un cachete, con lo cual, si además el asiento incorpora reposabrazos, el otro cachete no hay donde encajarlo aparte de lo incómodo que es ocupar dos asientos, abierta/o en canal, dejando a la intemperie la parte de la anatomía que más protección demanda.

En estas consideraciones andaba, ya metiéndole el diente al codillo al horno con patatas, cuando irrumpe el telediario y sale una chica anoréxica que, al principio, tomé por una esposa maltratada pero luego me fijé mejor y vi que no, que es que tenía los labios de silicona, los cuales son de una guisa que siempre parece que le acaban de dar un sopapo en el morro. Pues bien, sale la presentadora anoréxica digo, toda huesos menos las tetas y los labios, y nos avisa de que uno de cada cinco andaluces es obeso y el cuarto es preobeso, o sea fondoncillo. Deduzco que hay más andaluces obesos que andaluces gitanos o andaluces negros. Es el primer aviso. El segundo será pagar impuestos por ser gordo, una medida que se está estudiando en otros países comunitarios.
Pensé que de buena me he librado con no ser gordo y pedí las natillas de la casa.
-¿Le traigo café? –preguntó la camarera escuálida.
-No, traigame otras natillas, por favor, que hoy me quiero solidarizar con los gordos.

(El Mundo - 2000)

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