Eva
Dios formó a Eva del barro, a su imagen y semejanza. Esto indica que Dios, entonces, era femenino, una señora gorda, con enormes pechos nutricios, la Diosa Madre. Luego la sociedad se masculinizó, y los textos sagrados revisados dieron paso a un dios barbudo, malhumorado, celoso e intransigente, un dios macho.
Pasó un tiempo y Eva no parecía muy satisfecha de ser la reina de la creación. Daba melancólicos paseos por el Paraíso y no conocía la risa (el llanto tampoco, ciertamente). Un día se encontró con la Diosa madre, o quizá la Diosa Madre se hizo la encontradiza.
-¿Qué tal Eva?
-Bien, Señora. Pero me gustaría concebir y tener hijos.
-Para eso tendría que darte un compañero que te hiciera lo que los animales machos hacen a las hembras.
-Pues dámelo, ¿no eres Todopoderosa?
-El problema es que ese compañero sería una criatura imperfecta: bruto, mujeriego, posesivo, orgulloso, violento a veces, incluso...
-Alguna ventaja tendrá.
-Pues sí: a su lado te sentirás protegida y, si consigues retenerlo después de la cópula, cazará para ti y para tus hijos y quizá te ofrezca una vida regalada a cambio de tu sumisión.
Eva se lo pensó. El plan no era tan bueno como pensaba.
-Tú verás lo que haces –le dijo la Diosa- ¿Quieres hombre a pesar de todo?
-Sí -dijo Eva. (Disculpable: era joven y tenía sus necesidades).
Así que la Diosa le hizo parir al hombre (no hubo necesidad de arrancarle ninguna costilla).
-Tendrás que ser como una madre para él –le advirtió-. Incluso tendrás que pensar por él, procurando que no lo advierta. Tendrás que impedir que haga tonterías y que ponga en peligro a la familia.
-Me hago cargo.
-Y una última recomendación: que no sepa nunca que, en realidad, es más débil que tú. Le haremos creer que lo creé antes que a ti y que yo soy un Dios macho, caprichoso y barbado. Ese será nuestro secreto.
(El mundo - 2001)

