Culturilla
En esto de la cultura hay opiniones para todos los gustos. A mí, por ejemplo, me pareció una excelente idea que el otro día leyeran La Lozana Andaluza en Jaén y que participaran en ella, además de personas poco o nada conocidas, futbolistas, toreros, e incluso ¿por qué no? miembros del denominado famoseo. ¿No celebramos el Día del Libro precisamente para extender el hábito de la lectura a aquellos que no leen?¿Debemos aspirar a que la cultura alcance a todo el mundo, incluso a las capas más ignorantes, cutres y horteras de la sociedad, o es mejor limitarla a la selecta minoría? ¿Debemos bajar (que no rebajar) el libro a la plaza pública, a la plaza de abastos, a la barbería del barrio, a la taberna del pueblo, o lo reservamos para la gente exquisita que sabe apreciarlo?
Los futbolistas y los toreros no suelen ser grandes lectores, lo sé. Por lo general son jóvenes, una generación en la que se lee poco, y suelen proceder de las clases humildes. Muchos de ellos sólo han visto el Libro de Familia en los hogares donde crecieron. No obstante, lo que hace un futbolista o un torero o un famoso tiene una gran repercusión mediática (horrible expresión). La delegación de Cultura de Jaén ha tenido la estupenda idea de invitarlos a que lean en público para que sus seguidores tomen nota, para que cunda el ejemplo. Quizá, a través de ellos, a muchos hinchas o aficionados iletrados les pique la curiosidad y un buen día abran un libro y, a lo mejor, quién sabe, se enganchan en la lectura y descubren la existencia de otros mundos compatibles con el remate a puerta y con la media verónica. Por ahí se empieza.
A mí, qué quieren que les diga, me parece buena esa idea de invitar a leer a los futbolistas y a los toreros. La de la cultura no es una batalla perdida: es una batalla que hay que ganar cada día luchando con todas las armas que tengamos a mano. La delegación de Cultura de Jaén hace muy bien en esforzarse por atraer a los hijos pródigos de la cultura, a ese pavoroso sesenta por ciento de hijos pródigos andaluces que no han leído jamás un libro. A ellos hay que dirigir los esfuerzos institucionales en la Fiesta del Libro y durante el resto del año, porque a los que vivimos entre libros (mucho más a los que vivimos de ellos) maldita la falta que hace que nos descubran las bondades de la lectura.
(El Mundo - 2001)

